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EISENSTEIN, SERGEI - PIRANESI, GIOVANNI BATTISTA - VANGUARDIAS - ENCUADRE - MONTAJE -

Construcción y continuidad de la vanguardia: estudio de Eisenstein sobre Piranesi*

Carlos Rehermann

Piranesi puede ser considerado uno de los precursores de los movimientos de vanguardia del siglo XX. Su trabajo denuncia una "crisis del objeto" característica de los tiempos posteriores a la Revolución Industrial: la obra total se transforma, sin que sus elementos celulares pierdan carácter figurativo

El primer vanguardista

El arquitecto veneciano Giovanni Battista Piranesi
(1720-78), construyó sólo un edificio, la iglesia de Santa María del Priorato, en Roma (terminada en 1766), pero
tuvo (y tiene) una decisiva influencia a través de sus grabados y escritos sobre teoría de la arquitectura.
Sus series de grabados de antigüedades romanas, pero en especial sus Carceri d'invenzione estimularon la imaginación de los poetas románticos. Sus visiones trágicas y de gran densidad gráfica de espacios imaginarios, vastos, llenos de instrumentos de tortura gigantescos, con perspectivas profundas y sistemáticamente descoordinadas -es decir, que representan espacios imposibles- construyen una retórica del infinito, cuya expansión ocurre en un espacio interior.

La serie completa de las Carceri no describe un espacio único. Se parece, más bien, a una secuencia basada en la técnica de montaje de "yuxtaposición -conflicto de estímulos intelectuales que se acompañan unos a otros", según las palabras de Sergei Mikhailovitch Eisenstein.

En un artículo aparecido en Kino (Moscú, 27 de agosto de 1929), Eisenstein escribe: "El encuadre cinematográfico no puede ser nunca una letra invariable del alfabeto, siempre ha de ser un ideograma con significados múltiples. Y se ha de poder leer solamente junto a alguna otra cosa, exactamente de la misma manera que un ideograma adquiere su valor específico, su significado e incluso su pronunciación [...] solamente cuando está combinado con una interpretación indicada separadamente o con un signo minúsculo -que indique la interpretación exacta- colocado junto al jeroglífico fundamental".

El interés de Eisenstein por la obra de Piranesi es comprensible si se atiende a su concepción del encuadre como célula del montaje y a su peculiar visión de la profundidad y densidad espacial. En el mismo artículo, escribe: "El encuadre no es en modo alguno un elemento
del montaje. El encuadre es una célula del montaje. Exactamente igual que las células, que nacen por división, originando un fenómeno de otro orden, el organismo o embrión, así, en el otro extremo del salto dialéctico del encuadre, nos encontramos con el montaje. ¿Pero qué
es lo que caracteriza el montaje y por tanto su célula o encuadre? El choque. El conflicto de dos fragmentos opuestos uno al otro. El conflicto. El choque
".

La mirada desde la vanguardia

Pero cuando Eisenstein escribe su ensayo Piranesi o la fluidez de las formas
(1946-47), sus preocupaciones
pasan sobre todo por el rol de las vanguardias y el problema de un arte socialista, es decir, la legitimación de un realismo socialista a través de una continuidad histórica de la vanguardia.

Piranesi puede, efectivamente, ser considerado uno de los precursores de los movimientos de vanguardia del siglo XX, ya que su trabajo denuncia una "crisis del objeto" característica de los tiempos posteriores a la Revolución Industrial, a través de un proceso que le interesaba particularmente al director ruso: la obra total se transforma, sin que sus elementos celulares pierdan carácter figurativo.

Eisenstein había criticado duramente al constructivismo
ruso por su renuncia a la imagen (a la representación, al figurativismo). Consideraba que ciertas manifestaciones de la vanguardia, como la arquitectura constructivista, había llegado a un momento en el cual "[...] no sabiendo por dónde atacar a los responsables del desorden social de esta 'orden de cosas', ataca las 'cosas' y el 'orden', antes que reconquistar de pronto la vista [...] para ver dónde estaban y en qué consistía el mal y la causa primera", Piranesi o la fluidez de las formas.

El análisis del interés de Eisenstein por la obra del arquitecto veneciano ilumina no sólo la visión que el artista tenía del rol de los creadores en la sociedad, y su inserción en el devenir histórico, sino también sus concepciones más básicas en torno al encuadre, la composición y el montaje. Además nos permite comprender cómo cambia la percepción del arte luego de haber pasado bajo los ojos de otro artista: Piranesi, para nosotros, inevitablemente es un Piranesi que ha pasado por Eisenstein, y nunca podremos verlo sin la impregnación que éste nos ha legado.

Los métodos de mirar

En un libro de Giulio Ferrari, La Scenografia, Eisenstein vio por primera vez un grabado de Piranesi. Durante muchos años intentó hacerse con un ejemplar del grabado, hasta que poco antes del fin de la Segunda Guerra Mundial, "[...] por pura casualidad, conseguí finalmente procurármela. Como siempre, por caminos tortuosos e inconfesables.- Por trueque. Un intercambio con un museo de la periferia. [...] Sirvieron como moneda de cambio un Edelinck, un Hogarth, un Nanteuil Y un exquisito Claude Méllane", Piranesi o la fluidez de las formas.

El artículo de Eisenstein contiene un análisis del grabado, lleno de incitaciones a la exploración del lector, que muestra su personal método para adentrarse en el mundo del arte. Su estudio lo lleva a comprar el grabado con las pinturas verticales japonesas, para intentar mostrar cómo se diferencian ambas concepciones del mundo que se plasman en sendas obras gráficas.

Según Eisenstein, en la pintura china y japonesa, "[...] hay un quietismo que se esfuerza en conciliar los opuestos disolviéndolos uno en el otro". En cambio, en el caso de Piranesi se da una exasperación en los términos opuestos
-la interpenetración de los espacios representados- que tiende a destruir la realidad del espacio. Lo más interesante del estudio, si se trata de comprender mejor al artista -y no tanto a su objeto de análisis- es la referencia a su propia obra, contemplada a la luz de Piranesi.

En una compleja estructura de citas y referencias, Eisenstein ingresa al estudio de su propia obra. Cita a De Quincey, quien en Confesiones de un opiómano inglés relata que su amigo Coleridge lo había introducido en el mundo de Piranesi. Ambos eran aficionados al opio, y el trabajo de Piranesi les parecía producido por los sueños de la droga.

Para Eisenstein, este sueño es éxtasis, y lo relaciona con su concepto de parodia: "La parodia -escribe- puede ser de dos clases. Puede tratarse de la parodia bien sea del tema, bien de la manera de tratarlo. Entonces, la parodia es algo que hiere desde el exterior. [...] La aplicación a lo 'insignificante' de los medios reservados para lo que es 'noble e importante' produce ya de por sí -a causa de la falta de correspondencia recíproca entre el tema y la forma de exposición- un efecto irrisorio y cómico. (Así, por ejemplo, suenan a parodia de Whitman los 'catálogos' cómicos de Rabelais, al dar un carácter 'patético' a los detalles insignificantes de la infancia de Gargantúa). En mi propia obra existe un caso semejante. [...] El caso en cuestión es una escena del film Octubre (1927)".

Se trata de la escena en la que Kerensky, jefe del Gobierno provisional anterior a Octubre sube la escalinata del Palacio de Invierno: "El 'truco' de la escena -escribe Eisenstein-
(y su efecto irónico) consiste en haber repetido varias veces seguidas, 'hasta el infinito', siempre el mismo fragmento en el que se ve a Kerensky subir los marmóreos escalones[...] Fue en el curso del montaje cuando surgió
la idea de una realización paródicamente patética con la secuencia repetida del ascenso por la escalera
".

La secuencia es una repetición sin crescendo visual del proceso de ascensión, según explica el artista; esto contrasta con los títulos cada vez más pomposos que aparecen entre los encuadres ("ministro de tal", "presidente del consejo de ministros", "jefe supremo", etc.) lo que reduce esos cargos
al mismo nivel banal de la ascensión repetida. "De lo sublime a lo ridículo -escribe - hay un solo paso".
Para él, "[...] el patético ascenso de Piranesi en las visiones de De Quincey-Coleridge se transformaba en la irónica carrera sin moverse de su sitio realizada por Aleksandr Fedorovitch Kerensky".

Pero Eisenstein no se detiene sólo a comparar la vanguardia inconscientemente iniciada por el veneciano con su propia y muy consciente labor vanguardista, sino que considera el trabajo de reelaboración de los grabados por parte de Piranesi -que volvía sobre las planchas de cobre una y otra vez, para agregar nuevos elementos gráficos para nuevas impresiones- como una secuencia de agregación de nuevos planos. De este modo, ve el trabajo del grabador como un proceso de profundización del espacio representado.

En una sutil y lúcida observación sobre la distorsión perspectiva que introduce Piranesi, Eisenstein encuentra otro punto de contacto entre su obra y la del grabador.

"[mi método] consiste en el hecho de que, en mis encuadres, el 'decorado propiamente dicho' no agota jamás, en modo alguno, el problema del verdadero 'lugar de la acción'. [...] En mis films, la escenografía va acompañada invariablemente de una superficie ilimitada de suelo delante de ella, lo que permite el avance, también ilimitado, de diversos detalles de primer plano, así como de un surtido de tales detalles [...] El punto final a lo largo de esta vía es generalmente el primer plano del actor [...] Este método 'extático' [se refiere al concepto de éxtasis propuesto por De Quincey-Coleridge a partir de la visión de Piranesi] de la construcción del decorado según el esquema del telescopio no se limita en mis films al campo visual y plástico. Como los demás 'esquemas' de estructura extática, también este ocupa un lugar en mi dramaturgia".

De una manera original (ajena a los métodos de la crítica de arte, que suele hacer caso omiso de los procesos y se centra en el objeto terminado), Eisenstein nos hace ver los grabados como etapas provisionales de una obra trascendente, en construcción. Una construcción que se completa con la contemplación de esas etapas, cuya finalidad superior es servir de trampolín para nuevas acciones estéticas.


1 Una traducción al español, comentada por Manfredo Tafuri, puede encontrarse en Manfredo Tafuri, La esfera y el Laberinto, vanguardias y arquitectura de Piranesi a los años setenta, Editorial Gustavo Gili, Barcelona 1985.

* Publicado originalmente en El país Cultural, Nª 501

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