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* Fuera
de género.
Criaturas de la
invención erótica
(II) -
Roberto Echavarren
"Después
de escribir el primer tomo de la Historia, tenía absolutamente la
intención de escribir los estudios de historias sobre la sexualidad a partir
del siglo XVI y de analizar el devenir de ese saber hasta el siglo XIX.
Haciendo ese trabajo, me di cuenta de que eso no andaba, quedaba un problema
importante. ¿Por qué habían hecho de la sexualidad una experiencia moral?"
Esto lo lleva de repente mucho más atrás. La sexualidad es una construcción
moral. El caso Herculine lo revela. La tragedia de su vida se articula a
través de la confesión. Y qué es la confesión sino someter por voluntad
propia los actos de cada uno al criterio de otro, al criterio del confesor |
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El consumo de ensayos sobre el
consumo -
Carlos Rehermann
La relectura de
Lipovetsky parece inútil, ya que cada uno de sus libros reclama la caducidad
inmediata del anterior. Con Bauman pasa algo similar, ya que sus fuentes son
en general efímeras (cita incansablemente el diario británico The
Guardian e incontables sitios de internet) y los datos que informa son
pasajeros y circunstanciales. Bauman y Lipovetksy tienen en común cierto
tono fríamente denunciatorio, de lamento, algo parecido a lo que decía San
Cipriano en el año 250: “El mundo envejecido ya no conserva su antiguo vigor
(…) ya no hay justicia en los tribunales, competencia en los oficios,
disciplina en las costumbres”. Como los juicios de Lipovetsky y de Bauman
son en general negativos para el estado de cosas, el lector no se siente
solo. Unos científicos sociales bien conceptuados piensan lo mismo que él,
de manera que todavía hay esperanzas
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Chagall y su aldea
- Andrés Torres Guerrero
El
arte potencia la imaginación y la creatividad; mas no así, el discurso
monológico del poder que busca afanosamente borrar las diferencias para
promover coordenadas de sentido por las cuales las sociedades se guíen como
una recua de ganado conducida por un único patrón. En el imperio de lo
frívolo, el fascismo de las imágenes ha uniformizado (bajo una misma
camiseta), los gustos y las mentalidades, por eso no es extraño, ni fortuito
que desde Canadá hasta Ushuaia se escuchen con admiración a las vedettes
de la MTV. Frente a estos “artistas” del escándalo que han inundado, con sus
portentosas parafernalias publicitarias, al planeta de contaminación
audiovisual, habría que dejarse hospedar por ese conocimiento silencioso de
aquellos que, como Marc Chagall, le cantaron (desde una polifonía de las
formas y el color) a su pequeña aldea en la que nacieron y jugaron; esa
pequeña tierra que es, en últimas, la única república que tiene todo hombre:
su infancia. |