H enciclopedia 
es administrada por
Sandra López Desivo

© 1999 - 2013
Amir Hamed
ISSN 1688-1672

 


/ / / / / /
 
          EL FRAGMENTO EN MITAD DE LA NADA

Cortomanía

Carlos Rehermann

Es raro el día en que un publicista,
un periodista, o algún otro letrado de nuestra época no pronuncia la máxima “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”, para justificar sea un tweet, sea unas actas de un jurado de un concurso literario oficial, sea una afirmación como “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. En contadas ocasiones, si el emisor ha tenido 0,21 segundo de tiempo libre, como para hacer una búsqueda en internet, agrega: “como dijo Baltasar Gracián”, cosa de aclarar que él es un tipo informado y no un improvisado cualquiera.

Si uno va a la fuente, se encuentra que lo que dijo Gracián es parte de una notable redundancia en el seno de un manual para conseguir la protección de un poderoso:

[…] No cansar. […] La brevedad es lisonjera, y más negociante; gana por lo cortés lo que pierde por lo corto. Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos; y es verdad común que hombre largo raras veces entendido, no tanto en lo material de la disposición cuanto en lo formal del discurso. […] Excuse el discreto el embarazar, y mucho menos a grandes personajes, que viven muy ocupados […]
 

Baltasar Gracián,
Oráculo manual y arte de prudencia
(1647)

Está claro que la intención de Gracián es aconsejar a quien debe llamar la atención de un protector: no lo canses, que necesitas su buena disposición; evita molestar, y menos a capitostes. El español no se refería a valores de una obra, sino a estrategias de gestión, y lo hacía con redundancias y repeticiones que no parecen provenir de un adepto a lo breve.

Extraer de su frase una verdad absoluta aplicable a cualquier cosa parece un poco arriesgado. ¿Un teorema matemático es mejor si su demostración es más breve?  La demostración completa del Teorema de clasificación de grupos finitos simples ocupa aproximadamente 15.000 páginas. El enunciado del teorema establece que todo grupo finito simple tiene la misma estructura algebraica que uno de varios grupos de una lista dada. Nada complicado. Pero para demostrarlo hay que extenderse.

La máxima gerencial de Gracián se ha deslizado hacia el dominio de los valores, incluyendo los artísticos, probablemente debido a que el tiempo es escaso. Vivimos según una lógica como las de Henry Ford o Frederick Taylor, que suponen que las personas valen en tanto se adapten a un sistema cuya constante es la aceleración.

Muchos años después de aquel estudio de Lyotard que dictaminó el final de los “grandes relatos unificadores”, la idea de fragmentación se ha fragmentado y ya nadie es capaz siquiera de entender qué es un fragmento, aunque se ha decretado que cualquiera puede decir todo lo que tiene para decir en 140 caracteres, el espacio máximo de Twitter. Esta empresa de mensajería explica que la escasez de caracteres admitidos no es una desventaja:

En el corazón de Twitter hay pequeñas explosiones de información llamadas tweets. Cada tweet tiene 140 caracteres de longitud, pero no te dejes engañar por su pequeño tamaño —puedes descubrir un montón en poco espacio […] toda una historia de un vistazo, y todo en un único lugar.

Los usuarios de Twitter no parecen muy convencidos: un 60% mantiene su suscripción durante apenas un mes y en promedio el 70% de las cuentas de Twitter están inactivas.

La cultura de lo breve responde a dos motivos: a la estrechez de banda y a la necesidad de vender teléfonos. Cuando se lanzó Twitter, en 2006, se creía que el mensaje por celular sería el eje del sistema. Los mensajes de texto por celular tienen un límite de 160 caracteres, pero Twitter necesita 20 de esos caracteres para la identificación del emisor. 

Pero ¿por qué los mensajes de texto por celular tienen 160 caracteres como máximo? En 1985, el ingeniero alemán Friedhelm Hillebrand se sentó ante su máquina de escribir y comenzó a escribir tandas de texto de dos líneas, para evaluar si era posible, en esa longitud, producir mensajes útiles. Dos líneas mecanografiadas de una página estándar contienen menos de 160 caracteres, incluyendo los espacios entre palabras. Hillebrand pudo escribir infinidad de mensajes esenciales y prácticos en menos de dos líneas, con datos de direcciones, números de teléfono o informes de salud. Hace treinta años el ancho de banda era un bien escasísimo y Hillebrand estaba llevando al límite las posibilidades del sistema.

Esa frase no es un cuento

Una década después de la definición de Hillebrand una obsesión por el haiku comenzó a esparcirse por Occidente.

  
Se estaba produciendo un derrame del canon de brevedad desde el mundo de los mensajes prácticos hacia el mundo del arte. El haiku es un género estrictamente japonés que ha sido (supuestamente) frecuentado por poetas occidentales, tales como Benedetti y Tranströmer, como si los géneros fueran envases donde se puede colocar idiomas, sentimientos o ideas sin importar que pertenezcan a universos culturales diferentes. También se  amontonaron a partir de esa época los concursos literarios de cuentos hiper-breves, casi siempre auspiciados por empresas de telefonía móvil.

Suele ponerse como caso ejemplar de cuento breve una frase del escritor guatemalteco Augusto Monterroso que menciona a un dinosaurio. No hay letrado vivo que no se estremezca de placer al afirmar que se trata del cuento más breve que existe. Me apresuro a pedir disculpas a los telefonistas por propalar la temeraria afirmación que sigue: esa frase no es un cuento.

A pesar de mi aserto, hordas de lectores ansiosos seguirán desfalleciendo de goce ante la contemplación de esa frase. Es presumible que lo que satisface a muchos es que la frase cumple una definición hecha para otras cosas. La frase jurásica no tiene interés, salvo el de ser la pronunciación de un envoltorio indexable, que para existir debió autoproclamarse cuento récord. Conviene no olvidar que fue escrita a fines de los años 1950, cuando la neovanguardia era la principal fuerza de ocupación en el arte literario latinoamericano.

Artefactos como "Wakefield" o "La cenicienta" no necesitan ser definidos como cuentos para resultar de provecho para los lectores. La frase de Monterroso, en cambio, requiere imperativamente otro discurso, proveniente en apariencia de la teoría (pero fraudulento o quizá simplemente fatuo), que la redefina y mágicamente la convierta en cuento. El extenuante elogio de lo poco coincide frecuentemente con la falta de contenidos o de capacidad de expresión, motivo por el cual la precaria existencia de algunos objetos literarios debe sostenerse encima de artificiosas definiciones. Quizá no sea casualidad que Tranströmer haya quedado afásico, o que Benedetti no haya sido pródigo en ideas. 

Lo interesante del haiku, para no huir súbitamente del asunto y sin embargo terminar, es que resulta de estados de contemplación en los que el tiempo sobra, que pueden durar horas o días, y, como en el satori del zen, irrumpen inesperadamente como una explosión orgónica del alma quieta. En cambio, el cuento de celular o las “pequeñas explosiones de información” del tweet son parecidos a eyaculaciones precoces, a exabruptos frenéticamente buscados, metidos en los intersticios de la nada que parece ser la vida cotidiana de millones de siervos del sistema telefónico.
© 2012 H enciclopedia - www.henciclopedia.org.uy

Google


web

H enciclopedia