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Amir Hamed
ISSN 1688-1672

 



FOTOGRAFÍA - IMAGEN - IDENTIDAD - ALTERIDAD - BAUDRILLARD, JEAN - TEORÍA DE LA SIMULACIÓN - ARTE - ARTE DE LA DESAPARICIÓN - SEDUCCIÓN - EXORCISMO - CALLE, SOPHIE - SITUACIÓN POÉTICA DE TRANSFERENCIA - AUSTER, PAUL - LEVIATÁN - DOUBLE GAME -

Efectos de desaparición:
alteridad, seducción e imagen fotográfica (
II)*

Fabián Giménez Gatto
Si una cosa quiere ser fotografiada, es precisamente porque no quiere entregar su sentido, porque no quiere reflejarse. Es porque quiere ser captada directamente, violada allí mismo, iluminada en su detalle, en su cualidad fractal. Sentimos que una cosa quiere ser fotografiada, quiere volverse imagen, y no para durar; al contrario, es para desaparecer mejor


La cámara fotográfica se convierte, como dirá Paul Auster, en "una forma de hacer desaparecer el mundo, una técnica para encontrar lo invisible"
(2). Andy Warhol también estaba fascinado con la desaparición: "Esta semana miraba la tele y vi a una señora que se metía en una máquina de rayos y desaparecía. Fue algo maravilloso porque la materia es energía y ella simplemente se dispersó. Ese podría ser un auténtico invento americano, el mejor invento americano: ser capaz de desaparecer."(3) Me pregunto si la cámara de Luc Delahaye no se ha convertido en ese invento americano con el que Warhol soñaba, una máquina de desaparición, a la hora de pensar en la técnica hay que ser técnicamente incorrectos, no producir al otro como diferencia en el espacio de la representación, sino dar cuenta de su radical extrañeza en un arte de la desaparición.

Ahora bien, si no podemos decir que nos comunicamos con el otro, por lo menos podemos seguirle... La persecución veneciana de Sophie Calle nos remite a esto, al otro no se lo encuentra más que siguiéndolo, persiguiéndolo sin nunca alcanzarlo, encontrarlo haría que se convirtiera en el mismo, confrontación que convertiría la
seducción del juego en una especie de búsqueda de una verdad, de un sentido, una especie de reality show de pacotilla. Me gustaría compartir con ustedes algunas imágenes de esta persecución y algunas ideas de Baudrillard que acompañan a estas imágenes, dos formas de perseguir al otro, de las imágenes a la teoría y de regreso, reversibilidad, el juego es, también aquí, un doble juego.

Cierto día, S. decide dar otra dimensión a esta experiencia
(seguir a la gente al azar). Ella decide seguir a lo largo de su viaje a Venecia a un hombre que apenas conoce. Acaba por descubrir el hotel donde se aloja. Alquila una habitación con ventana delante del hotel, para seguir sus idas y venidas. Le fotografía en todas partes. No espera nada de él, no quiere conocerle. Como el podría reconocerle, ella se disfraza, se tiñe de rubia. Pero las alegrías del carnaval no le interesan, pasa los quince días, al precio de innumerables esfuerzos, siguiendo su pista. Interroga a las personas de las tiendas que frecuenta, conoce los espectáculos a los que asiste e incluso la hora de su regreso a París, adonde irá a recibirle a su llegada para tomarle una última foto.
Como todos los juegos, éste tiene su regla fundamental: no debía suceder nada que pudiera crear contacto o una relación entre ellos. El secreto no debe ser develado, so pena de caer en una historia banal.

Está claro que quien es seguido corre un riesgo mortal: cuando le siguen, sus huellas son borradas paso a paso. Ahora bien, nadie puede vivir sin huellas, de la misma manera que no se puede vivir sin sombra. La eminencia gris le borra sus huellas y él no puede presentir el sortilegio que le rodea. Ella le fotografía sin cesar. Aquí la foto no tiene función de vouyerisme ni de archivo. Quiere decir simplemente: aquí, a tal hora, en este lugar, bajo determinada luz, había alguien. Y al mismo tiempo: no tenía ningún sentido estar aquí, en este lugar, en tal momento -en realidad, no había nadie; yo que le he seguido puedo aseguraros que no había nadie.
(4)

Una ética de la devolución, una filosofía de la sutileza, parecería que una filosofía del objeto funciona a partir de lo que viene de fuera, no es un asunto de profundidad sino de exterioridad, lo exterior es también el otro, un atractor extraño, la seducción de la extrañeza, aquello que me impide repetirme al infinito, aquello que, desde su alteridad, me libera de mi propia identidad. Pareciera que nos preocupamos de nuestra identidad cuando no tenemos nada más importante que hacer, quizás el otro se convierta en ese efecto especial del pensamiento, una hipótesis soberana, algo que rompa el narcisista círculo hermenéutico de una teoría que gira sobre su propio ombligo.

En su novela Leviatán, publicada en 1992, Paul Auster agradece efusivamente a Sophie Calle por permitirle mezclar la realidad con la
ficción. En su libro Double Game, publicado en 1999, Sophie Calle le agradece a Paul Auster por permitirle mezclar la ficción con la realidad. Este libro es uno de los mejores ejemplos que he encontrado a propósito de esta noción esquiva que empieza a delinearse en los últimos desarrollos de la teoría de la simulación, me refiero a la noción de transferencia poética de situación o situación poética de transferencia, una figura de reversibilidad, de seducción, que nos remite al encadenamiento de las formas, a la suspensión de la imposibilidad del intercambio entre formas duales.

Double Game, juego de reversibilidad entre lo real y la ficción, entre Sophie Calle y Maria Turner, un personaje literario inspirado en Calle que ocupa unas cuantas páginas de la novela de Paul Auster, se divide en tres partes: I. La vida de Maria y cómo ha influido en la vida de Sofía, II. La vida de Sofía y cómo ha influido en la vida de Maria y III. Una de las muchas maneras de mezclar realidad con ficción o cómo tratar de devenir un personaje fuera de una novela.
En la primera sección, se presentan dos experimentos conceptuales inspirados en el siguiente fragmento de la novela Leviatán:

Algunas semanas se permitía hacer lo que ella llamaba la "dieta cromática", limitándose a alimentos de un sólo color cada día. Lunes, naranja: zanahorias, melones, cantalupo, camarones cocidos. Martes, rojo: tomates, caquis, carne tártara. Miércoles, blanco: lenguado, patatas, requesón. Jueves, verde: pepinos, brócoli, espinacas. Y así sucesivamente hasta llegar a la última comida del domingo. Otras veces hacía divisiones semejantes basadas en las letras del alfabeto. Pasaba días enteros bajo el hechizo de la b o la c o la w, y luego, tan repentinamente como había empezado, abandonaba el juego y pasaba a otra cosa. Estos no eran más que caprichos, supongo, mínimos experimentos con la idea de la clasificación y el hábito, pero otros juegos similares podían durar muchos años.(5)

Estos juegos -La dieta cromática y Días bajo el signo de la B, C y W-, que Sophie Calle recrea en su propia vida, parecen hablarnos, parafraseando a Auster, de cierta confianza en las estructuras arbitrarias, algo que, desde la teoría de la simulación, podríamos llamar la pasión por la regla. Es decir, el juego, en tanto desafío, nos remite al pasaje de una sumisión a la Ley como encadenamiento trascendente de signos necesarios, a una pasión por la regla como encadenamiento inmanente de signos arbitrarios.

La segunda sección del libro nos presenta la influencia de Sophie Calle en Maria Turner, poniendo de manifiesto la intertextualidad que atraviesa la novela de Auster, su texto se conecta con una exterioridad y esa exterioridad es la producción artística de Calle a lo largo de más de diez años: La persecución veneciana, El guardarropa, El striptease, El detective, El hotel, La libreta de direcciones, La ceremonia de cumpleaños, son algunos de los proyectos de Calle que encuentran una existencia secundaria en las páginas de Leviatán. Un comentario al pasar,
leer las aventuras de Maria Turner, a través del relato de ficción de Paul Auster, es, creo yo, la mejor introducción al arte conceptual de Sophie Calle.

La tercera sección de Double Game surge de la invitación que Sophie Calle le ofrece a Paul Auster: convertirse en el
autor de sus acciones, inventar un personaje ficticio que ella intentaría imitar, en definitiva, hacer lo que él quisiera con ella, por un lapso de un año como máximo. Paul Auster objetó que no quería ser responsable de lo que pudiera pasarle y le envió, en cambio, unas "Instrucciones personales para S. C. sobre cómo mejorar la vida en Nueva York (porque ella me lo pidió...)"; ella siguió sus directivas y el resultado del proyecto se llamó Gotham Handbook. Sonreír todo el tiempo, hablar con extraños, dar alimento y cigarrillos a los indigentes y cuidar de un lugar que ella escogiera, se convirtieron en las reglas de este juego, que se prolongó por el periodo de una semana durante el mes de septiembre de 1994, teniendo como epicentro una caseta telefónica ubicada en la intersección de Greenwich y Harrison. Según la artista, el resultado de tal operación fue el siguiente: 125 sonrisas dadas por 72 recibidas, 22 sandwiches aceptados por 10 rechazados, 8 cajetillas de cigarrillos aceptadas por 0 rechazadas, 154 minutos de conversación.

Más allá de este recuento obsesivo, lo interesante es el gesto que inaugura Gotham Handbook, la declinación de la voluntad de la
artista, el desafío lanzado a Paul Auster desde una aparente pasividad, en definitiva, el juego de seducción que se trasluce en esta afinidad electiva, dónde Calle se somete, gustosa, a una suerte de servidumbre voluntaria. El sentido siempre está en otro lugar, Calle no hace más que ilustrar, hasta sus últimas consecuencias el pasaje de la obra al texto, la desaparición del autor que abre el espacio atravesado por la intertextualidad. La intertextualidad es, en este sentido, reversibilidad al interior del propio texto, seducción de los lenguajes. Lo que habría que celebrar también es este desembarazarse de lo que muchos han llamado la "falacia expresiva" y además, hacerlo con sutileza y humor.

Luego de recorrer diversos aspectos de la
alteridad, me gustaría finalizar abordando lo que podríamos llamar la forma última de la alteridad, otredad en su máxima expresión, me estoy refiriendo, aquellos familiarizados con la teoría de la simulación ya lo habrán adivinado, al objeto. El objeto resulta ser el motivo teórico y fotográfico por excelencia de Jean Baudrillard, buena parte de su producción teórica responde a la seducción de la objetualidad, no debería de extrañarnos, entonces, que la primera exhibición de fotografías de Baudrillard, que abarca trece años de fotografía amateur del filósofo (1985-1998), lleve por título Al interior del horizonte del objeto. Estas fotografías nos hablan de algunos aspectos interesantes a la hora de concebir el papel de la fotografía, su espacio propio más allá de la semejanza o de la significación. Baudrillard dirá que la fotografía es nuestro exorcismo, una imagen que, a partir de su literalidad, nos muestra la irrealidad del mundo, su ironía objetiva.

Las fotografías de Baudrillard carecen de lo que podríamos llamar un "sentido oculto", nos hablan, simplemente, del universo de los objetos, un universo más allá de nuestra subjetividad. Un mundo se despliega en estas fotografías, pero es un mundo un tanto extraño, los sujetos, cuando aparecen, ocupan un lugar marginal. Los objetos, que parecen no necesitarnos, nos regalan el espectáculo de su
banalidad, en una literalidad que no nos envía a una subjetividad fundante, dadora de sentido sino, en cambio, a ropa interior secándose en una cuerda, bañada por la luz de una mañana en algún rincón de Portugal, un nublado paisaje de Las Vegas o un graffiti de Nueva York. De nuevo, otra expresión de un arte de la desaparición, aquí imbricando una filosofía del objeto con una suerte de placer objetual, una pasión objetiva, un deseo de capturar la insignificancia del mundo.

Si una cosa quiere ser fotografiada, es precisamente porque no quiere entregar su sentido, porque no quiere reflejarse. Es porque quiere ser captada directamente, violada allí mismo, iluminada en su detalle, en su cualidad fractal. Sentimos que una cosa quiere ser fotografiada, quiere volverse imagen, y no para durar; al contrario, es para desaparecer mejor.(6)

La imagen fotográfica se convierte en el operador mágico de esta desaparición, la artificialidad técnica deviene artificio, magia, seducción, revancha de las apariencias por tanto tiempo relegadas a la semejanza o al sentido. Después de la crisis de la representación, algunas imágenes fotográficas juegan otro juego, trazan el espacio de una pregunta, recorren la trayectoria de un deseo, delinean, con trazos titubeantes, la forma secreta de un enigma.

Notas:

2 Auster, Paul, Leviatán, Barcelona, Anagrama, 1996, p. 79.
3 Warhol, Andy, Mi filosofía de A a B y de B a A, Barcelona, Tusquets, 1998. p. 123.
4 Baudrillard, Jean, La transparencia del mal, Barcelona, Anagrama, 1993, p.168.
5 Auster, Paul, Leviatán, íbid, pp. 75-76.
6 Baudrillard, Jean, íbid, p. 164.

Bibliografía consultada

Auster, Paul, Leviatán, Barcelona, Anagrama, 1996.
Barthes, Roland, La cámara lúcida, Barcelona, Paidós, 1997.
Baudrillard, Jean, La transparencia del mal, Barcelona, Anagrama, 1993.
--------------------, De la seducción, Barcelona, Planeta-Agostini, 1993.
--------------------, Las estrategias fatales, Barcelona, Anagrama, 1994.
--------------------, El crimen perfecto, Barcelona, Anagrama, 1996.
--------------------, Photographies 1985 - 1998, Germany, Hatje Kants Publishers, 1999.
--------------------, El intercambio imposible, Madrid, Cátedra, 2000.
--------------------, D'un fragment l'autre, Paris, Editions Albin Michel, 2001.
Calle, Sophie, Double Game, London, Violette, 1999.
Delahaye, L., Baudrillard, J., L'Autre, Hong Kong, Phaidon, 1999.
Schnitzler, Arthur, Relaciones y soledades, Barcelona, Edhasa, 1998.
Segalen, Victor, Ensayo sobre el exotismo, México, FCE, 1989.
Warhol, Andy, Mi filosofía de A a B y de B a A, Barcelona, Tusquets, 1998.


*De próxima edición en el libro colectivo La imagen: posiblidades de lectura, México, UAM-Azcapotzalco.

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