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© 1999 - 2012
Amir Hamed
ISSN 1688-1672

 



COLONIALISMOS MENTALES - MÚSICA CONTEMPORÁNEA -

Anécdotas de música contemporánea acaecidas en la muy noble y leal ciudad de San Juan de Pasto (IV)

Andrés Torres Guerrero

Lejos de las escandalosas parafernalias y las glamorosas vedettes, esta música minoritaria nos desestabiliza por su fuerza, porque nos desacostumbra a los rutinarios hábitos mentales, porque desde su honesta complejidad nos insta a reinventarnos desde el silencio


V. Y acribillen mi pedazo de conciencia...


Tenía la cara de Terminator 2 poco antes de que finalizara la película. Era el único punkero que existía en el Pasto de finales de los 1980. Sobre él se tejían varias "leyendas", una de ellas era que en el ejército se había enloquecido por tanto combate con la guerrilla. El tipo, en verdad, inspiraba miedo. Muy pocos de mis compinches se atrevían a pedirle prestado un cassette y menos un disco. Era extraño verlo caminar en las tranquilas y estrechas calles de la ciudad. Él era una cita de otra época, de otra sociedad y, en todo caso, de otros procesos de modernidad. Provincionalizar a Europa, eso hacíamos muchos de nosotros.
A principios de los noventa Einstürzenden Neubauten era un fetiche para dos o tres personajes que lo tenían en formato CD. En las tardes, cuando solía escuchar a David Bowie, Can o Holger Czukay, me sentía viviendo en Berlín o New York. A veces, caminaba a Pasto como si estuviera transitando por la Kurfürstendamn, creyéndome Christoph Meckel
(quien recorre esta avenida para recoger impresiones que luego volverá dibujos y palabras), o asumiéndome como alguno de los personajes de Yo, Christiane F., y fue ese texto, precisamente, el que más me descentró junto con la música que por aquel entonces escuchaba. Recuerdo un viernes que, sumergido en sus páginas, fui interrumpido para hacer un mandado a la tienda. Cuando salí a la calle, me estrellé contra la contundente realidad: ¡absolutamente todo me decía que no estaba en Berlín, sino en Pasto!

A veces, caminaba la ciudad como si estuviera dentro de Brother where you bound... era bastante estúpido creerse diferente porque se había escuchado a Supertramp. Pero, igual recorría a Pasto desde Contrappunto dialettico alla mente. Tal vez, en ese momento, mi relación con la música era la de reafirmar mi diferencia. Inconsciente y tácitamente lo que buscaba era no ser el portero que silba o tararea uno de los temas de Los catorce cañonazos bailables:

"
¿Por qué la música de Schönberg es tan difícil de entender?" es el título de un artículo publicado por Alban Berg en 1924. En cuanto al diagnóstico que anuncia este título (y que el artículo explica legitimándolo), en el fondo, nada ha cambiado (o bien poco). Basta con leer las observaciones recientes de un músico como Steve Reich: "El cartero nunca silbará Schönberg [...] su música (y toda la música que se parece a la suya) vivirá siempre en una especie de "rinconcito oscuro", aislada en la historia de todas las músicas del mundo"(29).

Por aquellos años estaba en la ciudad pero en una actitud de exilio. Doña Gloria Valencia de Castaño con su adelante con la moda, había "influenciado" una zona de mis imaginarios en los ochenta, y simultáneamente sentía la sensación de que todo nos llegaba tarde
(30), al descubrir, por ejemplo, a Depeche Mode en el 94 (experimentando la nostalgia de recuerdos inexistentes), o al escuchar a Stockhausen con el autocolonialismo mental del chulla Romero y Florez; esa era la actitud de muchos de nosotros, o al menos la mía. Frente a ese sentimiento de subalternidad (o de sentirse occidental de segunda clase), había que hacer algo, la solución, entonces era similar a la de Neo, en The Matrix (1999) cuando lo conectan a una computadora desde la cual le instalan un sinnúmero de programas para que el tipo se vuelva un tecnomesías.

Nuestra avidez provinciana también era cercana a la de Leeloo
(Milla Jovovich) que se la pasa durante horas leyendo "Encarta" para enterarse a qué mundo llegó y cuál es el estado de ese mundo que va a salvar después de que Korben Dallas (Bruce Willis) le zampe el beso redentor, globalizatorio y neoliberal en The Fifth Element (1997), o cercana a Small Soldiers (1998), cuando el Arquero, líder de los Gorgonitas, toma clases aceleradas de historia en el computador de Alan Abernathy (Gregory Smith). Estábamos, entonces, en Pasto, y desde esas soledades de la cruda proscripción(31), nos sentíamos en otro planeta, en el cual, la música era un puente para no estar tan lejos, excluidos, olvidados. Es que no fue fácil haberse sentido el último de la fila, encerrado por políticas estatales de abandono. La música contemporánea, entonces, fue y es una senda para abrirse hacia un pensamiento del afuera, porque también se viaja desde los afectos a múltiples patrias sonoras que hospedan nuestro corazón. Gracias a la música, Pasto era un barrio de Berlín o Berlín era un pasaje para acceder de un modo otro a Pasto. Gracias a Berio o Kurtág, Julio Jaramillo se lo escuchó desde un tímpano de conciencia expandida que lo acogió con admiración y cariño y, con él, a tantos otros como el Trío Martino, Los Embajadores, etc.

Qué puede, entonces, suscitar Variations pour une porte et un soupir... tal vez, desde estas anécdotas, lo que me sugiere un suspiro, es que para una añoranza o un deseo, siempre habrá una puerta, una salida, y si, en todo caso, no hay puerta, hay que invitarla desde el suspiro mismo. Nosotros, que tanto idolatrábamos a tanto artista desde los múltiples complejos de inferioridad
(individuales y colectivos), supimos aplaudir al portero que nos regaló una pequeña obra de música concreta. Esa era una clave. Los porteros también están para abrir otra clase de puertas. Lejos de las escandalosas parafernalias y de las glamorosas vedettes, esta música minoritaria nos desestabiliza por su fuerza, porque nos desacostumbra a los rutinarios hábitos mentales, porque desde su honesta complejidad nos insta a reinventarnos desde el silencio, porque como lo escribe Jodorowsky:

Producir un escándalo en esta sociedad escandalosa es lo más difícil que hay. Todos los artistas superficiales han tratado de hacerlo (...). La sociedad absorbe estos escándalos formales, salen tres o cuatro artículos en los periódicos y no pasa nada.

La única posibilidad de escandalizar actualmente es tratar por todos los medios de no hacerlo. Tratar de expresar la VERDAD. En una sociedad de mentirosos, la VERDAD es escándalo. En una sociedad degenerada, la HONESTIDAD es escándalo. En una sociedad enferma, la SALUD es escándalo, en una sociedad hipócritamente religiosa, el VERDADERO MISTICISMO es escándalo
(32).

Recuerdo el cementerio de suicidas que se ubica entre la Loma y el barrio Aranda. Hay una sublime tristeza en esas tumbas, algo de mí se quedó en ellas. Un viernes en compañía del profesor Juan Carlos Estrada leímos epitafios, mientras él comentaba esas inscripciones desde algunas páginas de Mausoleo, Pedro Páramo, Currículo Mortis y Spoon River... dejamos atrás lo conocido y nos internamos por los senderos de lo invisible.

En una librería, la imagen de David Bowie a sus veinticinco años me zarandeó. Camino con escarpines de miedo. Subo a tientas, bajo a tientas. La ciudad se nos mete en las sábanas. Poco antes de entrar a la cama hemos dejado trozos de vida en el calor invernal del transporte público, en oficinas donde demiurgos y pitonisas cegados de poder burocrático deciden a quién entregarle el papel y a quién inyectarle su veneno. Antes de llegar hasta el borde de la cama, sé que hemos atravesado un paraíso de cenizas. Hace algunas noches, volví a ser niño cuando desde un CD, el hijo de Rana salió otra vez. Así salen muchos que horas después serán tragados por el asfalto.

Meses atrás leí un poema de Cristina Peri Rossi, su título: "Arte moderno"
(33); allí se anotaba que aquellos elementos que los hombres desechan (cajas sucias, botellas rotas...), el arte les brinda una segunda vida. El despertador hace trizas el sueño. Imposible siquiera recordar una imagen. Hasta ahora no he ido a ningún lugar, y sólo he caminado sobre una banda de recuerdos. Steve Reich en City Life invadiendo la atmósfera con disyunciones oníricas. Las ventanas están en las manos. "¿Qué remedio diréis que dio a mi horrible melancolía?" "¡Uno solo, que equivale a todo un mundo, al mismo cielo! ¡La música!"(34)

El día que me gradué de bachiller, mis papás celebraron con una comida y unos vinos. Cerca de la media noche, un sobrino colocó uno de sus cassettes del que emergió la voz de Xuxa que me recordaba: es la hora, es la hora, es la hora de jugar... y creo que se trata de eso. En medio de tantos rediles, y más allá de las críticas que realiza Alessandro Baricco desde la modernidad a la música contemporánea
(35), creo que se necesita un oído que se aparte del consumo y se abra al juego, para posibilitarle al hombre la oportunidad de salir riendo y cantando.

VI. Las caderas no mienten

Esta tarde estuve escuchando a David Bowie en "Absolute Beginners" y "Ashes to Ashes"; su música es un navío, errancia disyuntiva, torción onírica, lengua reptante, sintaxis improvisatoria que se deshace en caricia. Filamentos de luz seduciéndonos a volar, flotando en burbujas, saltando con todos los poros a una percepción de motociclista, tipo portada de Meat Loaf, para escapar de un circo de acróbatas reumáticos, payasos depresivos, leones domésticos.

En la madrugada vi a Miguel Bosè. En el sueño sabía que en 1998, cuando entrevisté a Bruno Mazzoldi, Walter Mignolo, Jaap Blonk y William Torres, también había conversado con él. Intuía que en algún cassette podía estar esa charla. Bosè y yo caminábamos por Pasto. La luz solar era como la de un día domingo de mediados de la década de los setenta. Había una cierta melancolía en las tonalidades lumínicas. Entrábamos a una tienda esquinera de la carrera 26 con calle 19. No sé de qué hablaríamos, lo único que recuerdo era que él mencionaba a Leonard Cohen. En el sueño comprobaba que Pasto es una ciudad laberíntica, por lo cual supongo que es tan difícil salir de allá y es fácil extraviarse en ella. Me asombraban de Bosè su sabiduría y juventud. En el local nadie nos atendía. Bosè es un brujo, no una figura mediática.

El barón Von Der Trenck
(36) lacera un muro para escapar. Esa historia la contó Ernesto Ágreda en el parque Armenia del barrio Teusaquillo en 1995. Él, a su vez, estaba huyendo de una cárcel mujer. Estos dos hombres intentaban dibujar su libertad con un punzón. El primero, realizó una "escritura" sobre la pared. Para Ernesto, las palabras eran herramientas de su huida. Unas líneas de "Brother where you bound", están cercanas a esta ficción argumental:

You better move, you better hide
They're gettin´ in, they're gettin´ inside
If you get caught you better know
They're gonna reap, you're gonna sow
Don't be a fool, we gotta go
Ain´t no place safe for us to stay
We better move on, we better move on
(37).

Al iniciar ya se ha hecho un corte o, dicho de otro modo, antes de comenzar, ya se ha iniciado. Salir a inventar una vida, más allá de la marquesina de la rutina y el miedo, escapando de las celdas léxicas con las que se construye el mundo. Salir del claustro mental y llevar el cuerpo al lugar de las revelaciones en una peregrinación hacia una tierra prometida que ha de inventarse, que ha de lucharse desde el pensamiento, el sueño, el camino. La música contemporánea, en este sentido, es otra forma de soñar y de escapar y de recrear la realidad. Ella nos ensueña, interviniéndonos.

Los sótanos permiten protegernos, como en el cuento de Borges "Pedro Salvadores". Mañana una máquina romperá el sueño, el estrés celebrará la disolución de una posible primavera. Las voces que nos visitan: qué nos dicen, qué nos proponen, qué caminos nos ofrecen, a qué nos tientan... Kafka entrevió nuestro mundo como una gran prisión: Las cadenas de la atormentada humanidad están hechas de papel de oficina
(38), es decir, como una colonia penitenciaria. Hoy, esa fábula es una realidad. Es evidente que la aridez y los barrotes no están únicamente en los desiertos y en las cárceles, sino en la mentalidad de los hombres.

Las manías de las neurosis hasta dónde son neuróticas. Potencias de otras dimensiones entran a los sueños y a los objetos de lo cotidiano. Soplar, rezo, aire. El viento se cuela por las ventanas despeinándonos la vanidad. El sentido no es comunitario. Nunca hay diálogo directo. El mundo se ha convertido en un supermercado. Buscar entre sueños para recrear lo cotidiano. Las aves de corral sólo vuelan dentro de la altura que les permite el galpón y la fuerza que les otorga la purina.

Hace años soñé con Eduardo Galeano en una tienda del barrio Restrepo
(Bogotá). Galeano estaba joven. Yo sentía angustia porque tenía que estar en una cita de trabajo(39), y en medio de la zozobra sentía una gran alegría de estar con el autor de Las venas abiertas de América Latina. La vitalidad de Galeano contagiaba. No se trata, entonces, de que la literatura, la música o los sueños se dirijan desde los abismos de lo desconocido hacia los valles de las certezas. La escritura es un (pre)texto para hablar desde el silencio. No hay nada que comunicar. Lo único que queda es la música. Los mensajes dentro de botellas llegan adonde tienen que llegar. Arrancar sin método, caminar construyendo una ruta de fuga. Anotar grafías que sean puñaladas al ectoplasma que recubre la existencia. Escribir sin una idea fija. La materia de la escritura es acuosa. Ecografía que pone en escena el absurdo desde el absurdo.

Los ladridos de Jaap Blonk son los juegos de la infancia. Santiago es alguien a quien alguna vez llegué a tratar. Él vive en un barrio lejano de todo y de todos. Él no sabía leer, pero se asomaba a los libros con ansiosa curiosidad. La última vez que lo vi, fui con él hasta una tienda donde se antojó de una gelatina. De regreso, tomó mi mano. En ese momento supe que no lo iba a volver a ver. Al llegar a casa, Viviana
(mamá de Santiago) me agradeció el detalle. Hablamos algunos minutos. Santiago me acompañó hasta la puerta. Salí a la noche sin controlar el llanto. Santiago tiene una vida corriente, una familia corriente, habita en un barrio corriente. Los padres de Santiago trabajan tanto que casi no tienen vida. Leopoldo es celador y su turno es de doce horas. Viviana es aseadora en un centro comercial. Santiago tiene un hermano que se llama Felipe. Ellos arriendan un pequeñísimo apartamento en un extremo de la ciudad. Felipe suele asomarse a la única ventana que hay, y desde allí lanza saliva hacia al vacío, ladra y aúlla, al igual que los perros cautivos de las azoteas vecinas.

La música contemporánea es un acontecimiento, es una manera de oír la realidad, de descubrir una melodía-otra en lo que desde el sentido común se denomina ruido. Ella nos permite conquistar nuevas geografías sonoras que amplían las posibilidades de afirmación de la existencia, lejos de las cuadrículas con las que uniforman los gustos y los pareceres para manipular con mayor efectividad a los hombres. Roberto Bolaño criticó, por una parte, la legibilidad que vende pero que devora al consumidor y, por la otra, a todos aquellos hacederos de arte bajo los preceptos, convicciones y valores de la clase media
(40):

Los escritores actuales no son ya, como bien hiciera notar Pere Gimferrer, señoritos dispuestos a fulminar la respetabilidad social ni mucho menos un hatajo de inadaptados sino gente salida de la clase media y del proletariado dispuestos a escalar el Everest de la respetabilidad, deseosos de respetabilidad. Son rubios y morenos hijos del pueblo de Madrid, son gente de clase media baja que espera terminar sus días en la clase media alta. No rechazan la respetabilidad. La buscan desesperadamente. Para llegar a ella tienen que transpirar mucho. Firmar libros, sonreír, viajar a lugares desconocidos, sonreír, hacer de payaso en los programas del corazón, sonreír mucho, sobre todo no morder la mano que les da de comer, asistir a ferias de libros y contestar de buen talante las preguntas más cretinas, sonreír en las peores situaciones, poner cara de inteligentes, controlar el crecimiento demográfico, dar siempre las gracias(41).

En la madrugada volví a encontrarme con los gigantes. Es extraño, pero ese sueño ya se ha reiterado. La primera vez que los vi, yo estaba en la sala del apartamento de las Torres de Fenicia, observando desde un decimoséptimo piso la carrera segunda entre calles 22 y 21
(Bogotá), y de pronto veía a unos hombres blancos, que en un primer momento, me asombraban por su estatura pero luego comprobaba con horror que eran de cuatro o cinco metros (a propósito, acabo de recordar el video de Kelly Minoge), y verlos caminar de manera lenta y pesada, sabiéndolos ajenos a toda posibilidad de compasión, aterrorizaba. La siguiente vez que los encontré, su estatura era aún mayor, era como estar en Land of the Giants(42). Algunos de ellos vestían uniformes militares. Lograba escapar con otra gente. Hoy, en esta madrugada, me saludé con Óscar y Milton en el parque Infantil, ellos seguían siendo adolescentes, tenían la edad en que por última vez jugamos en aquel lugar. El parque estaba oscuro y frío, la escasa hierba estaba seca, el viento que soplaba era de agosto. Nos dirigimos hasta la cancha de baloncesto. Había un partido reñido, creo que se jugaba a cinco puntos, y nosotros alcanzamos a presenciar los dos últimos.

Al finalizar el encuentro, entraba a la cancha un equipo de hombres blancos y altos, alguien decía que eran de la NBA, otro anotaba que uno de aquellos hombres medía 2,10. Comenzaba el juego y, para ese instante, los hombres blancos ya medían más de tres metros. Uno de los gigantes golpeaba a uno de sus adversarios. En ese momento, comprendía que todo era una trampa y había que huir. Corría hacia la puerta principal que estaba cerrada. Trepaba por las vallas, corría hacia la casa de mis padres. Me abría mi sobrina María Fernanda a quien apenas saludaba. Tenía un gran temor. Sabía que querían hacernos daño. Pero en la casa, todos estaban alejados y dispersos, sólo lograba hablar con mi mamá. En la casa entendía que esos seres eran de otra dimensión. Ellos venían de un mundo peor que éste, pero si estaban aquí era porque nuestras acciones cotidianas los habían invocado y convocado. Cuando desperté, tomé de la mesa de noche un libro de Gorki, y él, desde la portada, me observó con su dignidad y fuerza.

Un intento de pensar al hombre en esta estacada histórica sería el de entablar una conversación con esos sonidos, que durante años han permanecido restringidos a zonas marginales de desprecio y abandono en Occidente. No puede nacer el diálogo desde la indiferencia, así como no puede gestarse una conversación sin que se opere la conjunción de voces que recorra otros caminos diferentes a los que cada voz trae.

Estamos acostumbrados a aprender desde el orden y las órdenes. Esas estructuras de poder se han mantenido durante muchos años, por lo que no es fácil intentar ablandar los barrotes epistémicos con los que se han construido las instituciones culturales. No estamos acostumbrados a experimentar con el cuerpo, ni a llevar el pensamiento al borde del abismo, allí donde se requiere inventar armas de conocimiento para aprender a volar.

En estos tiempos se hace necesario no sólo estudiar la música, la literatura, sino también vivenciarlas como prácticas curativas que intensifiquen las potencias del cuerpo y la existencia. La diferencia entre estudiar la música y vivirla, es afín a la distancia existente entre un visitador médico que lleva en su maletín ejecutivo un catálogo de medicamentos, y un taita que con su canto expulsa la enfermedad. De nada serviría salir de las páginas de una Florinda Donner o de un disco de Meredith Monk, si lo único que nos atrevemos a leer o escuchar son nuestras prelexias.

La música no puede ser un catálogo de referencias señaladas por un experto. Activar la música significa encarnarla, transubstanciarse con ella: tomar la hoja-Madredeus, la hoja-Eric Clapton, la hoja-Piazzolla, la hoja-Tom Waits, para inventarse una wuaira sacha con la cual cantar y tallar la cura, la sanación para estos días en que ronda la enfermedad que como muy bien lo dijo Horacio Quiroga: es prima hermana de la muerte.

Gustavo Cerati se presenta en la Universidad Distrital, sede Macarena A. Poco antes, en el mismo sueño, me saludo con Byron, lo volví a ver como cuando era adolescente. Él entra a una de mis clases, que por lo demás, se desarrolla en un ambiente de total confusión y caos. Los corredores de la universidad son una ruina. Todo es un laberinto. En una de las "bahías" o mezanines aledaños a uno de los salones de la primera planta, se presenta el músico argentino, como si fuera un estudiante deseoso de ser escuchado. Me acerco a él, dejando mis maletas
(una negra y otra café) repletas de libros en un murito de esos que están a la entrada. Cerati deja de cantar y regala su música en formato CD, LP y hasta cassettes con sus primeros trabajos. Pero, yo, más que los CD´s, quiero proponerle una entrevista. Él entrega pequeños CD´s como si fueran hostias, y los que estamos ahí las recibimos bajo el ritual de la comunión. De pronto, siento una gran aprehensión por mis libros y entonces envío a un estudiante a que los traiga. El chico vuelve sin ellos. Voy a buscarlos y no encuentro nada, incluso, las gradas y los muros han desaparecido. Todo es ahora un paisaje desértico. Desde los niveles superiores unos "estudiantes" lanzan piedras que pasan zumbando. Invoco a Dios… nadie me golpea.

Dan Lander en Zoo, hace zapping con la radio y cita a John Lennon. Practicar el collage desde los sueños o desde la literatura:

La cabeza de Laetitia Casta y el cuerpo del Subcomandante Marcos. La cabeza de Diego Maradona y el cuerpo de Ana Kournikova. Trotsky y Salma Hayek. Margaret Thatcher y Vargas Llosa. Jennifer López y Ralph Fiennes. El presidente Montenegro y Daisy Fuentes. La Madre Teresa y Tuto Quiroga. Joan Manoel Serrat y Shakira. Cameron Diaz y Andre Agassi. Eduardo Galeano y Arantxa Sánchez-Vicario(43).

Aquí en Colombia Lander es la marca de un removedor. La música de Lander es un removedor de costras mentales, de esmaltes programáticos, de certezas adheridas a esquemas musicales que determinan políticas que enmarcan la existencia en lugares comunes: la música de Claydermann en los ascensores, Shakira en español y en inglés en los centros comerciales...
(44) la música, utilizada por el establishment como un aparato de captura, como una purina cerebral para formatear imaginarios. Cárceles de sonido nos rodean: donde quiera que se esté habrá un radio vomitando detritus mentales.

La frivolidad es violencia, y como lo expresó Edgar Garavito en una carta a Deleuze: Es indudable que en un mundo tan frívolo y tan tristemente ocupado en tomarse en serio, resulta necesario celebrar estas alegrías. Ellas anulan la estupidez
(45). Quizá esas alegrías sean las que desde un pensamiento poético, celebren las potencias de la vida, a partir de sonidos minoritarios.

Camino con Enrique Trujillo por la calle 10, entre carreras octava y décima. Entramos en un local donde un chico excéntrico compra un disco del líder y vocalista de la agrupación Yes. Salimos de allí. Pasamos por una calle y, de repente, me siento atraído por una puerta en la que está un grupo de muchachos, quienes nos invitan. Alguien muy joven oficia. Nos hace oler ciertas sustancias químicas, parece un ritual de yagé. Enrique se transforma en Pablo Andrés Rojas de los Ríos. En cierto momento el que oficia me dice: ¿ahora qué vas a hacer? Esa es una pregunta que sólo puede responderse cada quien, porque no hay fórmulas para vivir.

La música contemporánea interpela, crea un escenario de riesgos y desestabilizaciones para descentrarnos de las formas cerradas, de las lexias preestablecidas. Se hace necesario reinventar los modelos que seguimos para conducirnos. Pareciera ser entonces que hay que crear una especie de instrucciones particulares para no estancarse en un mundo acabado y convertirse, de paso, en la caricatura de sí mismo. Por supuesto, no al estilo de un manual de licuadora, sino unas filiales a las que escribió desde la selva Lacandona el subcomandante Marcos
(46), o aquellas que nos legó Cortázar. Instrucciones que elaboran una reescritura de la realidad.

Me parece llamativo que hubiese aguantado tanto tiempo "viviendo" a la deriva, como si fuese un moribundo subido en una canoa en medio de un río turbulento de fiebre, arrastrado por corrientes densas e incontenibles, que me conducían hacia una cascada. Hace unas horas recordé A la deriva, el cuento de Horacio Quiroga, donde un hombre es picado por una víbora y, entonces, emprende un viaje por el río que lo llevará donde un compadre que no encontrará y luego hacia la muerte. Temible, y al mismo tiempo impecable, la imagen del hombre que se despide de este mundo subido en una canoa que lo lleva a ese otro lado que está más allá del agua. La canadiense Louise Erdrich, en su novela Huellas, nos cuenta que entre los indígenas Chipewas existen no sólo parteras de la vida, sino también de la muerte. Son ellas las encargadas de soltar las amarras para que la canoa-cuna se interne e integre con el infinito. En la oración de la gestación, para los indígenas Desana, la vida se concibe, según don Antonio Guzmán, en una canoa que es el útero
(47).

El artista Ángel Alfaro ha concebido una pintura donde, a partir de un crepúsculo, surge una barca "solitaria" que navega en las aguas profundas de la eternidad de un instante
(que se suspende en un pestañeo cósmico) en el lienzo(48). Es un misterio la ruta de esa embarcación... fisuras que desde la distancia alguien sopla... Líneas de fuga, cantos de dignidad: Como una ola de fuerza y luz; trazos y trazas de artistas silenciados por las gigantes maquinarias de sonido. El cuerpo hay que desatarlo del poste logocéntrico y aventurarse a navegar por las aguas que están más allá del puerto y del faro.

En La casa en Mango Street, de Sandra Cisneros, hay un capítulo titulado "Caderas" donde se anota:
Un día te despiertas y allí están. Listas y esperándote como un Buick nuevo con las llaves con el motor prendido. ¿Listas para llevarte a dónde? (...) Tienes que ensayar para saber qué hacer con las caderas cuando las tengas, digo yo componiéndolas al caminar(49).

¿Por qué no habrían de mentir las caderas si al lugar al que se las ha llevado es un simulacro, una estafa? Hay quienes practican el buceo en la tina del baño y luego se vanaglorian de haber descendido hasta el azul profundo. La irreverencia de estos "artistas" es tan inofensiva y conservadora, que ni siquiera se constituye en un sutil rasguño a lo establecido, porque ellos son lo establecido. Bukowski, refiriéndose a ese mundillo de las estrellas escribió:

Por supuesto, lo que hacía que todo aquello apestara era que muchos de los ricos y de los famosos fueran en realidad tontos del culo e hijos de puta. Simplemente les había tocado un chollazo en alguna parte. O se habían enriquecido gracias a la estupidez del público en general. Normalmente eran gentes sin talento, sin alma, ciegos, eran pedazos de mierda andantes, pero para el público eran como dioses, hermosos y venerados. El mal gusto crea mucho más millonarios que el buen gusto. Al final se reduce a la cuestión de quién obtiene la mayor parte de los votos. En el país de los topos un topo es rey. Así que ¿quién se merecía algo? Nadie se merecía nada... (50)

A dónde llevan las caderas, quizá a las "cátedras" globalizatorias donde se inoculan sonidos que son monedas falsas. Pero, el juego desmonta esos poderes del mercado industrial de la cultura: desde finales de los ochenta hasta nuestros días, ha tenido un auge desmedido la neoliberal y anoréxica Barbie. Esa muñeca ha sido un paradigma cultural que ha moldeado la figura de la mujer, y hay algunas cuyo ideal es el de llegar a convertirse en ese tipo de muñecas
(como Cindy Jackson quien ha gastado 99.600 dólares en 27 operaciones durante un periodo de nueve años)(51). ¿Pero qué podría pasarle a una Barbie en Pasto? Pues, que va a tener una influencia, obviamente, si la niña no se convierte en el juguete de la muñeca. Así, esta Barbie va a hablar con el acento que le adjudique su dueña, va a tomar sopa de arrancadas o tomar café con allullas. Esta muñeca no va a salir a pasear por el Sunset Boulevard, sino por el barrio Tamasagra o el Agualongo.

Un modelo globalizador se impregna de elementos locales, haciendo de este elemento otro texto o, en este caso, otro artefacto. La idea es proclamar desde las poéticas de la infancia un "devenir-loco", el devenir-ilimitado donde (...) ya no se trata de simulacros (...), sino de efectos que se manifiestan y juegan en su lugar. Efectos en el sentido casual, pero "efectos" sonoros ópticos o del lenguaje...
"(52). La música de las gigantescas maquinarias del marketing no podrá gramaticalizar del todo la existencia, siempre habrá un David que con su onda descalabre a Goliat; siempre habrá alguien que realice biodanza con reggaeton, planche con Olivier Messiaen, practique yoga con corridos prohibidos, y alcance la beatitud con un logotipo de Coca-Cola como lo hizo Jodorowsky dirigido por Óscar Ichazo:

Regresamos a la terraza. Desde allí se veía un gran anuncio de Coca-Cola. Era un círculo luminoso que daba vueltas alrededor de un eje vertical.
-No necesitamos mandalas tibetanos ni símbolos esotéricos. Este anuncio, si eliminas de tu mente las palabras, y no despegas la vista de él, al concentrar tu atención, se convertirá en la puerta.
El letrero girando se transformaba, desde mi punto de vista, en óvalo, en línea, en óvalo otra vez, en círculo y así y así. Me fue tragando las fronteras racionales, la voluntad de ser y... de pronto, sin proponérmelo, como si hubiera dado un salto inconmensurable, me sentí fuera del mundo de las sensaciones. ¿Cómo explicar aquello? La fuerza del Kath y la felicidad del Oth se volcaron en una transparencia inmutable, el Path. Había vivido en mundo de compactas nubes grises y ahora ascendía hasta flotar en un cielo translúcido. Sin deseos, sin definiciones, continuación pura, libre de un comienzo o un final, ahí, exento de tiempo y espacio, me sumergí en la beatitud. ¿Cuántas horas permanecí allí inmóvil? Cuando recuperé mi cuerpo, mi nombre, mi isla racional, me encontré solo, frente al parpadeante círculo cocacolesco. Me sentí ridículo pero también eufórico. Esa experiencia se convertiría en mi guía. Se me había mostrado la meta, ahora dependía de mi perseverancia alcanzarla realmente. Ejo Takata, cuando le pregunté qué era el Buda, me respondió: "La mente es el Buda"
(53).

El extrañamiento induce a ver al mundo como un misterio que enuncia algo diferente a lo conocido. Shakira seguirá moviendo sus caderas y qué bueno que lo siga haciendo, pero desde un margen se reescribirá sus espantosos falsetes para que, esta vez, sus caderas no mientan.


Notas:


(29) REICH, Steve. Re-Schoenberg. En: Arnold Schoenberg. Théâtre musical du Châtelet, 1995. Citado por SZENDY, Peter. Escucha. Una historia del oído melómano. Traducción de José María Pinto. Barcelona, Paidós, 2003. p. 88.
(30) FLÓREZ JULIO. Todo nos llega tarde. En: Obra Poética. Bogotá, Publicaciones del Banco de la República. Biblioteca Luis-Ángel Arango. Editorial Minerva, 1970. p. 73.
(31) ROSA, Luis Felipe de la. Zarza roja. En: Poesías. Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1972. p. 39.
(32) JODOROWSKY, Alejandro. Autoentrevista. En: http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/jodorowsky/autoentrevista.htm
(33) Arte moderno/ Ciertos escultores usan materiales de desecho/ para hacer sus esculturas/ he ahí como la lata de cerveza/ el detergente y el envase de cartón/ tienen otra oportunidad/ de vivir y de transformarse/ Todos los humanos/ somos materiales de desecho/ Emplea mis cervicales/ mi cuello mi ombligo mi deseo de fumar/ mis escalofríos/ mi páncreas mi tiroides/ dales otra oportunidad.
(34) PERI ROSSI, Cristina. Arte Moderno. En: Hispamérica. Revista de literatura. Año XXV. Número 75. Gaithersburg, U.S.A., 1996. p. 92.
(35) ALARCÓN, Pedro Antonio de. El final de la norma. Buenos Aires, Sopena, 1944. p. 85.
(36) BARICCO, Alessandro. El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin. Una reflexión sobre música culta y modernidad. Traducción de Romana Baena. Madrid, Siruela, 1999. pp. 45-67.
(37) Friedrich von der Trenck (Könisgsberg el 16 de febrero de 1726 y guillotinado en París el 25 de julio de 1794).
Enciclopedia Universal Ilustrada. Europea- Americana. Tomo LXIV (64). Madrid, Espasa-Calpe, 1978. pp. 88-89.
(38) Supertramp. Brother Where You Bound. A&M. 1985.
(39) JANOUCH, Gustav. Conversaciones con Kafka. Traducción de Rosa Sala. Barcelona, Ediciones Destino, 1999. p. 211.
(40) Ese mismo sentimiento lo experimenté el jueves 28, en compañía de Vicente Pérez Silva, Gerardo Pérez y Carlos Torres (mi papá), allá en La Tasca (taberna bogotana), donde conversamos de ese sur mítico habitado por hombres como Aurelio Arturo, Guillermo Edmundo Chaves, Agustín Agualongo, mientras yo estaba preocupado por unas diligencias que tenía que hacer. A la tercera cerveza mi sentimiento de culpa desapareció.
Este comentario podría interpretarse desde el arribismo social, pero no tiene nada que ver con eso. A este respecto se ha referido Florinda Donner en Ser en el ensueño. Traducción de Clive N. Hibbert. Buenos Aires, Emecé, 1993. p. 96.
(41) BOLAÑO, Roberto. Los mitos de Chtulhu. En: El malpensante. Nº 48. Bogotá, agosto 1 - septiembre 15 de 2003. pp. 79-80.
(42)  http://tvhits.blogspot.com/2006/07/tierra-de-gigantes-land-of-giants.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Tierra_de_Gigantes
(43) PAZ SOLDÁN, Edmundo. Sueños digitales. Madrid, Alfaguara, 2000. p. 37.
(44) PAZ SOLDÁN, Edmundo. La materia del deseo. Madrid, Alfaguara, 2001. p. 70.
(45) GARAVITO, Edgar. Y la nave va... En: Magazín Dominical de El Espectador. Nº 511 del 7 de febrero de 1993. p.11.
(46) SUBCOMANDANTE INSURGENTE MARCOS. Instrucciones para cambiar el mundo. En: El Viejo Topo. Número 91. Barcelona, diciembre de 1995. p. 70.
(47) GUZMÁN, Antonio. Mari Mahsa Pepiro. Bogotá, 1987. p. 43. Texto inédito.
(48) ALFARO, Ángel. La Barca (óleo sobre lienzo, 1.75 x 2.41 cm. 1994). En: Bojeo imaginario (catálogo). Bogotá, Alonso Arte, 2003.
Ver: http://angelalfaro.com/
(49) CISNEROS, Sandra. La casa en Mango Street. Traducción de Elena Poniatowska y Juan Antonio Ascencio. México, Alfaguara, 1995. pp. 53-54.
(50) BUKOWSKI, Charles. Hollywood. Traducción de Cecilia Ceriani. Barcelona, Anagrama, 1996. p. 118.
(51) Cindy Jackson es apodada la "muñeca Barbie humana". Ver: Guinness World Records 2000. Libro Guinness de los records. p. 153.
(52) DELEUZE, Gilles. Lógica del sentido. Traducción Miguel Morey. Barcelona, Planeta-De Agostini, 1994. p. 33.
(53) JODOROWSKY, Alejandro. La danza de la realidad (Psicomagia y psicochamanismo). Madrid, Siruela, 2003. pp. 287-288.

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